Soy una maleducada

Ha pasado sin querer.

Prometo que no me he dado cuenta.

De hecho, sigo cediendo mi sitio en el Metro cuando entra una persona mayor, también espero para empezar a comer y la servilleta siempre está en mis rodillas. Termino siempre todo lo que está en mi plato, aunque sea carpaccio, remolacha o el maldito sushi.

(Nota: Desde aquí digo que se debe desconfiar de aquellas personas que prefieren el sushi a una buena tortilla de patatas).

Estrecho la mano con fuerza y saludo a todo el mundo por su nombre, suelo dedicar varias sonrisas al día a gente desconocida y entablo conversaciones con la de la panadería, el portero y hasta he conseguido ganarme al chino de debajo de mi casa.

Últimamente me regala chicles y cuando paso por delante me saluda levantando la cabeza lo cual, es algo que hace unos años, me parecía imposible conseguir.

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Ahora todo ha cambiado.

Soy una maleducada y mi letra escarlata son dos tics azules.

whatsapp

Veréis, desde hace un tiempo cada vez que empiezo una conversación me encuentro pidiendo perdón.

Ha llegado un punto en el que incluso durante una cena si no saco el móvil y contesto inmediatamente alguno de los mensajes recibidos estoy siendo una maleducada.

Y pobre Mrs. Two Cents como los mensajes sean leídos y no contestados. En dicho caso mi mala educación vendrá también cargada de vergüenza.

Últimamente todo empieza con un:

“Perdona, estaba cenando”,

“Perdona, estaba en el tren”,

“Perdona estaba en la calle,

perdona, perdona…”

Mrs. Two Cents ha tomado una decisión.

Never apologizeA partir de ahora disfrutaré de mi mala educación.

Seguiré sin sacar el móvil cuando estoy rodeada de gente, me centraré en escuchar las conversaciones que tienen lugar en la mesa, me preocuparé de reírme con ganas de mi insolencia y de no hacer caso del dichoso parpadeo azul o verde que me mira con ojos acusadores.

Durante una clase en la universidad un profesor nos dijo que había un estudio (Siempre hay uno) que demostraba que la mayoría de los mensajes enviados por whatsapp eran inútiles. No aportaban nada. Y que además, el único momento en el que nos alejábamos del móvil era cuando nos metíamos en la ducha.

¡Qué terrible sensación la pérdida de libertad!

Querida nostalgia,hubo un tiempo en el que no tenía saldo, en el que no miraba el móvil cada 5 minutos, en el que existían los fin de semana locos de Movistar, en el que inventamos un nuevo lenguaje y terminábamos nuestros mensajes con “cnt”.

Hubo un tiempo en el que para saber si un plan era cool no me hacía falta conseguir likes. (Hubo un tiempo en el que ni si quiera utilizábamos la palabra cool).

No estoy diciendo que no me gusten las nuevas tecnologías pero admito que cada vez me gusta más ser una maleducada.

A partir de ahora, llevaré mi letra escarlata como mi seña de identidad, no mi yugo.

Live free

No volveré a pedir perdón

y es que al fin y al cabo,

estoy disfrutando de una vida sin filtros.

No filter

Verás qué disgusto cuando se lo diga a mis padres.

Ellos, que me habían educado tan bien.

.-Mrs. Two Cents

@Mrs_TwoCents

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Mil millones más.

Mil millones más.

Veréis, hasta ayer pensaba escribir sobre otra cosa. Algo mucho más ligero, y con el toque de gracia que intenta mantener Mrs. Two Cents.

Ya tenía pensadas varias frases y hasta algunas fotos. Debéis saber que Mrs. Two Cents piensa sobre qué escribir mientras se pierde por Madrid , o en medio de una cena con la Familia Corleone o incluso por una charla que ha tenido con el portero o con una dependienta.

De hecho, la Oda a mis Converses surgió mirándome los pies.

Converse white

Todo esto viene a que ayer, mientras estaba en una charla informativa sobre un curso no paré de hacer preguntas. Desde aquí queridos, os confieso que suelo preguntar mucho, quizá no tanto como mi querido Monsieur Pizza (¡Gracias a Dios!) pero sí lo suficiente.

Hace años, en el colegio, tuve una profesora de Tecnología que nos contaba que ella nunca había dejado de estudiar, siempre quiso seguir aprendiendo y cuando por ejemplo, se compraba un ordenador investigaba todo lo posible para poder aprovecharlo al máximo “Al fin y al cabo has pagado por él, como mínimo deberías saber cómo usarlo”.

Y lo mismo le pasaba con todo lo demás. Era una apasionada del arte, pasaba de un estilo a otro y te hablaba sobre pintores con una pasión contagiosa. Su artista favorito era Leonardo Da Vinci.

Leonardo da vinci

Mi reflexión surgió a la salida de dicha charla informativa mientras andaba por un bordillo (Nivel: equilibrista) y hablaba por teléfono con Monsieur Pizza.

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Le contaba que la persona encargada de gestionar dicho cursillo-cursete me había respondido a modo ¿Mofa? cuando le pregunté sobre los docentes y sus CV.

Considero de vital importancia mi tiempo y, después de haber estudiado una carrera de la que me siento realmente orgullosa y conocer a profesores magníficos tengo claro que debo leer la letra pequeña para saber en qué me estoy metiendo y saber si podré aprovecharlo al máximo.

Y eso incluye tener iniciativa, no dar las cosas por hecho y hacer mil millones de preguntas para seguir aprendiendo.

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Desde aquí os pido que prometáis seguir manteniendo vuestra curiosidad. No la que mató al pobre gato pero sí la que hizo que el gato se mereciera sus 7 vidas. La que hace que surjan nuevas ideas, proyectos y la que impide que te conviertas en una momia.

JUMP

Da igual que sigas sin trabajo amigo, a todos nos toca de cerca pero ya llegará y puede ser que los datos del paro hayan bajado y que tú no seas una de las razones (Tranqui, tu y yo sabemos que no es tan fácil). Entiendo que te quedaras descolocado porque la entrevista de trabajo no salió como te esperabas, o que algunos días sólo pienses en volver a casa y que “Quién me mandaría a mi” coger una maleta e irme fuera.

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Recuerda que nadie dijo que fuera fácil pero que hay mil millones de razones para reinventarse. Mantén tu curiosidad y conserva tu instinto felino. Nunca dejes de preguntar por tener miedo a resaltar. Levanta la mano, la voz y pisa fuerte.

Tienes mil millones de aventuras más por vivir y tú querido, serás el protagonista.

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Y el resto, ya queda entre nosotros.
Mrs. Two Cents
@Mrs_TwoCents

Gracias papá y mamá.

Oda a mis Converses

Oda a mis Converses

Hace poco Mrs. Two Cents cumplió un año más.

Me tocó celebrarlo en casa (¡Por fin!) en mi adorada Galicia que tan bien acogió a mi Familia Corleone madrileña. Mi querido Monsieur Pizza siempre se mete conmigo por mi excesiva emoción pero es que este año tuve mucha suerte.

Fueron días de sol, playa, excursiones, estrella galicia, anormalidades de los veintitantos y muchas anécdotas con las que seguramente podría escribir un nuevo post.

Doniños

Durante esos días, alguien de la Familia Corleone nos contó que siempre que se iba de viaje llevaba en la maleta sus zapatillas y que al terminar la carrera, se hacía una foto donde se vieran sus zapatillas y el lugar en el que estaba.

Mrs. Two Cents se puso a pensar… ¿Y si yo hubiera hecho lo mismo con mis converses? ¿Qué habría fotografiado estos años?

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Veréis, mis converses me recuerdan a casa. A lo simple, real y natural, a todo aquello que jamás debes perder de vista. A mis raíces.

De hecho, en mi cabeza son tan sabias como el sombrero seleccionador de Harry Potter.

Nota: Mrs. Two Cents tampoco recibió la carta pero sabe que es de Gryffindor.

Ellas me conocen, están conmigo desde que quedaba “A las 6 donde siempre”, desde que llamabas al telefonillo y preguntabas “Bajas?” para ir a comprar pipas, son dar paseos callearriba-calleabajo y terminar la tarde en el punto de encuentro donde te juntabas con el resto.

Ferrol

Mis converses me han acompañado a mis primeros conciertos, han saltado y gritado a pleno pulmón:

“Yo quiero entrar, en tu garito con zapatillas,

que no me miren mal al pasar”. 

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Me recuerdan a los primeros amores, a las primeras salidas nocturnas, a amistades perdidas ( ¡A Dios gracias!) y a otras amistades que guardo como trofeos. Amistades de las buenas, de las que siguen ahí aunque existan kilómetros, trabajos y años de por medio.

Son mi primer día de universidad, con nervios e inseguridades pero también mi “vamos a entrar con el pie derecho” en mi último examen de la carrera o del día que conseguí mi carnet de conducir.

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Seguramente en mi imaginaria colección de fotos aparecería alguno de esos momentos. Habría una pequeña Mrs. Two Cents con la cara un poco más redonda, con muchas pulseras en la muñecas (Ya sabes, tonterías de adolescente, una por cada amigo) con ganas de ser mayor y rodeada de algunos miembros, también un poco más pequeños, de la Familia Corleone.

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Hemos cambiado,  al fin y al cabo se trataba de seguir viviendo.

No obstante, y aunque sigas cumpliendo años, hay algo que debe ir siempre contigo. Acuérdate de echar la vista atrás de vez en cuando. Recuerda tus raíces, de dónde vienes y quiénes han estado contigo.

Y sobre todo, no caigas en el maldito-postureo, sigue teniendo la capacidad de poder disfrutar de las cosas sencillas de la vida.

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Se despiden Mrs. Two Cents,

sus converses destrozadas

y sus claveles.

@mrs_twocents

Frases de Padres

Frases de Padres

Padres, madres, hermanos mayores o esos tíos enrollados que te enseñaron tus primeras palabrotas.

Mrs. Two Cents les hace un hueco a todos y recopila algunas de sus frases célebres. Las cuales, seguro que tú también escuchaste.

Y es que queridos, el 19 de Marzo nos toca volver a ser pequeños.

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1. Las malditas vitaminas.

No me refiero al temido zumo de naranja con pulpa que debías beber a la velocidad de la luz. No. Voy más allá.

Y es que una pequeña Mrs. Two Cents volvió a mi mente hace unas semanas cuando sin querer (Lo digo en serio mamá) se le cayó una pieza de fruta al suelo. Entonces, vino a mi mente la imagen de una niña con cara redonda, en la playa, jugando con sus primos mientras merendaba.

La pequeña Mrs. Two Cents siempre tenía la mala suerte de que su merienda (Bocadillo o pieza de fruta) terminaba en el suelo. La primeras veces coló, pero es que tras varias catástrofes, su querida madre tomó medidas.

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Y es que es imposible olvidar aquella sensación. Morder tu querido bocadillo de Nocilla con arena incrustado y escuchar como suena “CRONCH”, “CRONCH”.

Mamá, si me estás leyendo entiendo que pensaras que tiraba el plátano aposta… Pero desde aquí te digo que con “soplar” y decir “Así no se nota, como nuevo” tampoco se solucionaba nada.

2. Juega con tu hermano.

Esta frase se la suelen decir a los hermano mayores que como yo, les tocaba cargar con los pequeños.

¡Cómo incordiaban! ¡Cómo desordenaban! ¡Cómo se notaba que les habían comprado en el rastro y eran de otra familia! … Pero ahora que han pasado los años y están lejos.. ¡Cómo les echa una de menos!

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Nota: No podía faltar, qué me decís del “Os toca dormir pies-con-cabeza”

3. No te pegues a la tele (y otras variantes).

Creo que debe ser algo universal. Ya sabéis.

-No te pegues a la tele porque, … Te quedarás bizco.

-No leas con la luz apagada porque,… Te quedarás bizco.

-No mires directamente al sol porque,… Sí, también te puedes quedar bizco.

4. Ranas y tripas. 

Mientras se cocinaba en la cocina, a veces metía el dedo en el cuenco de la sal y disfrutaba de mi atrevimiento. Lo reconozco.

Pero lo de tragarme los chicles era desinteresado, no quería tirarlo al suelo y todos sabemos qué pasó la última vez que te lo guardaste en el bolsillo del abrigo… Era la mejor opción.

Lo que no llegaba a entender es cómo de la sal podían salir ranas y por qué el chicle boomer quería pegar mis tripas.

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5. Taburetes y toboganes.

-¡Niño, ponte bien! Que tu primo se rompió la crisma (o brazo).

Ya sabéis. Apoyarse en dos patas del taburete, delanteras o traseras, pero JAMÁS en las cuatro a la vez, que tú sabes que eso es de cobardes.

El riesgo que implicaba dicha hazaña era similar al de tirarte por el tobogán de cabeza. O dar la vuelta entera con el columpio (Sí, claro).

Desde aquí Mrs. Two Cents hace un llamamiento a todos los que como ella (Sí,claro) consiguieron dar la vuelta completa con el columpio.

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6. Ponte el abrigo que así es como te enfrías.

Qué incordio de abrigos… A no ser, claro está, que tuvieras capucha y lo llevaras puesto solo con la capucha. Era como una pseudo-capa.

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7. No hagas bola/bolón.

Malditos sean aquellos trozos de carne duros que era imposible digerir. Parecía serrín.

Y si además se acompañaban de un “Mueve la mandíbula” o “Come más rápido” en un comedor del colegio… Aquello era una tarea hercúlea.

8. Te vas a marear.

Ahora sabes que tenían razón, pero …¿Quién se iba a imaginar que dar 16853 vueltas sobre ti misma iba a conseguir dejarte mareada toda la tarde y librarte de ir a clase por la tarde?

Pequeña Mrs. Two Cents del pasado:

Well done!

(Creo)

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9. Leoneras y loros.

Mi cuarto, compartido con hermanos, por supuesto, por lo que la mayor parte del desorden lo originaban ellos (No hay duda).

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Mi padre siempre nos decía:

-Este cuarto parece una leonera, quiero que lo dejéis como los chorros del oro.

En su momento, la pequeña Mrs. Two Cents entendía “como los chorros del loro” y no paraba de preguntarse qué demonios tendría el maldito loro con unos chorros. De hecho, se imaginaba una fuente con loros. Por eso, nunca llegaba a entender qué le pedía su padre y qué había que hacer con toda la colección de pin y pon que había desperdigados por el cuarto.

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10. Sana, sanita,…

Creo que es mi favorita.

Porque como dice mi querido padre “Cómo sufrimos los que somos pequeños” y como dice Mrs. Two Cents… ¡Qué bien sienta tener a los mayores para ayudarnos con los dragones!

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Hasta la siguiente y a cazar dragones.

Mrs. Two Cents